domingo, abril 24, 2005

Rosas Negras

Caminó decidida sus últimos pasos por el largo pasillo, el cual estaba lleno de ventanas. Afuera estaba el cielo rojo, el sol vestía de pena, las flores marchitaron por cada paso. Yo solo la miraba. Al otro extremo del pasillo apareció una tenue luz. En la habitación el pip de aquel aparato cada vez se volvía más molesto, se internaba en mi cabeza como las últimas palabras que me había dicho. Seguía caminando hacia aquel lugar, la luz era encegadora, podía ver algunas figuras humanas moviéndose al final del túnel, pero apenas podía distinguirlas, se oían voces, muchas voces, no las quería oír, pero las oía. -cuando muera, quiero que nunca dejes de regar mis rosas negras, recuerda que me las regalaste cuando cumplimos un año- fueron las palabras que me había dicho el día anterior, como si supiese que al día siguiente no estaría para decírmelo, después de habérmelo dicho quedó dormida, hasta ahora, y no despertaba de su sueño profundo, los médicos decían que no tenia vuelta. -cuando muera, quiero que nunca dejes de regar mis rosas negras, recuerda que me las regalaste cuando cumplimos un año- fue lo que le dije antes de llegar a este lugar incomprensible en el cual seguía caminando y caminando sin encontrar ningún lugar a donde ir, seguía caminando, corriendo, y estaban esas voces a mi alrededor, la luz era siempre la misma, corriese o no corriese. El pip se volvía cada vez más rápido, igual que las palpitaciones de mi corazón, los recuerdos volvían a mi mente, recordaba los lugares, la gente, los besos, los regalos, las peleas y solo la quería conmigo de vuelta, daría cualquier cosa para que no fuese, grité ayuda pero nadie llegaba, el pip estaba a punto de volarme la cabeza y ella estaba a un paso de no volver a verla más. De pronto la luz comenzó a brillar más fuerte y unos ángeles me recibieron, no podía hacer nada -tu hora llegó- me dijo, no podía recordar que era lo que realmente quería en ese momento, pero sabia que a alguien o algo yo le estaba preocupando, me solté y corrí en dirección contraria a la luz, de pronto recordé los lugares, la gente, los besos, las peleas y supe que solo quería estar con él. De pronto cayó en un acantilado sin fondo. El pip se hizo eterno y rompí a llorar sobre su cuerpo ya sin alma, entonces supe que ya no volvería a estar con ella...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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